Si todo marcha sobre ruedas para qué arriesgar en nuevos proyectos si los resultados pueden ser negativos.
En los ámbitos económicos es habitual escuchar la expresión “los éxitos no se tocan”, con lo cual se quiere manifestar que si una gestión genera resultados positivos no hay que cambiarla ni alterarla. Lo aconsejable –en estos casos dicen muchos empresarios– es dejar todo como está y seguir con la misma rutina. Para qué arriesgar en nuevos proyectos si los beneficios siguen fluyendo como en el pasado. No vaya a suceder que al introducir cambios o al realizar innovaciones en la gestión se corte la racha de éxitos, comiencen los problemas y finalmente se pierda el patrimonio atesorado.
Esta forma de reflexionar frena toda propuesta innovadora porque considera que no tiene sentido realizar cambios que pueden generar riesgos o fracasos. Si todo marcha sobre ruedas para qué arriesgar y abrir la puerta a resultados que pueden ser negativos. Mejor es repetir las mismas acciones que generaron éxitos para seguir disfrutando los mismos beneficios.
Sin embargo, ese razonamiento no tiene en cuenta que el mundo económico lejos de ser estático se encuentra en constante transformación y ebullición. Pensar que mantener la misma rutina y los mismos objetivos elimina riesgos y permite prolongar los beneficios en el tiempo no se ajusta a la realidad. Creer que se puede mantener un éxito económico de manera constante sin necesidad de introducir cambios es una fantasía o una esperanza que suele pagarse muy caro.
Nada es permanente ni estable sino que por el contrario los escenarios económicos se caracterizan por estar en constante cambio. Esa volatilidad y transformación determina que un emprendedor lejos de dormirse en los laureles del éxito debe estar en estado de alerta para cambiar, innovar y reinventar sus objetivos para no ser expulsado del mercado.
Quienes piensan que los “éxitos no se tocan” y no hay que introducir cambios en los procesos de producción no comprenden que lo único permanente en el ámbito económico es el cambio constante. Por lo tanto –lejos de dejar todo como está– el empresario que quiera mantenerse vigente e incrementar su patrimonio debe cambiar sus objetivos y sus procesos productivos de manera continua. El empresario que considera que una vez que llego a la cima del éxito puede dormir tranquilo y sentirse seguro comete un grave error. Mientras duerme plácidamente otros emprendedores lo apartarán del mercado y lo superarán por no haber innovado a tiempo para renovar su producción de acuerdo a las necesidades del mercado. No hay que olvidar que la corona de laureles que engalanan las cabezas de los empresarios exitosos suele ser provisoria si no asumen riesgos y generan nuevas innovaciones que reproduzcan los éxitos del pasado.
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