Para muchos economistas las profundas transformaciones ocurridas en los sistemas de producción por la robotización, la tecnología y la Inteligencia Artificial llevan al apocalipsis del empleo en relación de dependencia.
Durante el siglo XX la gente tenía la convicción que el medio esencial para satisfacer las necesidades individuales era tener un empleo. Esta premisa no solo se propagó entre los trabajadores e intelectuales sino que fue estimulado por los gobiernos a través de políticas destinadas a lograr el pleno empleo. Todo el colectivo social y sus representantes avalaron que la generación de empleos era un objetivo imprescindible y necesario para progresar. Por esa razón, la creación de empleos se convirtió en el objetivo fundamental para lograr un determinado bienestar mientras que el desempleo fue considerado como el peor de los males que podía afrontar un país.
Durante más de un siglo el ideario del pleno empleo fue la consigna que unificó a los trabajadores, sindicatos, políticos y economistas por lo que todos exigían que los gobiernos garantizaran que la gente pudiera acceder a un empleo y a un ingreso acorde a sus necesidades. Se tenía la certeza que una vez que se conseguía un trabajo el empleado lograba estabilidad, seguridad e ingresos que le permitían el acceso a los bienes que necesitaba para tener una buena vida.
Para poder concretar el objetivo del pleno empleo los gobiernos ofrecieron beneficios a las empresas para que contrataran empleados mientras que los sindicatos lograban que el Congreso sancionara numerosas leyes laborales para impulsar el crecimiento y estabilidad de los empleos. Sin embargo, con el paso de los años las políticas públicas y sindicales destinadas a impulsar la generación de nuevos empleos se encontraron con un escenario no previsto. Los cambios en los procesos de producción dieron lugar a que las empresas dejaran de contratar masivamente a empleados de cuello azul y redujeran la cantidad de puestos laborales.
Para fines del siglo XX el escenario laboral había cambiado profundamente ante la mirada atónita de gobiernos, la protesta de los sindicatos y el desconcierto de los economistas.
Muchos fueron los factores que impulsaron el cambio del escenario laboral prevaleciente durante largo tiempo, aunque la principal causa de este cambio fue la profunda transformación en los sistemas de producción como consecuencia de las nuevas tecnologías, la mecanización, la robotización y la expansión de la Inteligencia Artificial. Este hecho impactó sobre los empleos tradicionales, la creación de nuevos puestos laborales y la selección de trabajadores que hasta ese momento estaba marcada por los niveles de capacitación que se tenía para acompañar los cambios tecnológicos.
Las consecuencias generadas por la tecnología y la mecanización en los procesos productivos fueron mayúsculas. La desvinculación progresiva de trabajadores de cuello azul de las empresas no fue compensada por nuevas contrataciones porque el lugar de los puestos de trabajo fue ocupado por máquinas que trabajaban 24 horas, eran más productivas y no generaban conflictos laborales. Algo semejante sucedió con los empleos burocráticos y administrativos que comenzaron a decrecer ante el desarrollo de la tecnología. Lo mismo ha comenzado a suceder con los abogados, arquitectos, médicos, maestros o contadores que gradualmente están siendo reemplazados por la nueva herramienta tecnológica llamada Inteligencia Artificial que es más precisa, eficiente y menos costosa.
Las profundas transformaciones que constantemente se producen en los sistemas de producción son la causa por la que muchos pronosticadores sociales calculan que en los próximos años habrá de reducirse drásticamente los empleos en relación de dependencia. Muchos economistas sostienen que el empleo está en vías de extinción o por lo menos no será el medio masivo por lo cual la gente obtenga un ingreso.
Para algunos analistas del mundo laboral –en el corto plazo– se habrá de producir algo así como la apocalipsis del empleo en relación de dependencia. Esto habrá de suceder por los siguientes hechos: 1) Disminución de la demanda de empleos de actividades y oficios tradicionales; 2) Aumento de las exigencias y requisitos de capacitación para acceder a los limitados empleos que demandan los actuales procesos productivos; 3) La gente masivamente emprenderá por cuenta propia una actividad económica con el propósito de generar un ingreso para satisfacer sus necesidades.
Desde mi perspectiva los pronósticos apocalípticos sobre el empleo y la forma de trabajar de las futuras generaciones suelen ser exagerados. Sin embargo, no puedo negar que en muchos rubros de la producción esos pronósticos negativos ya son una realidad y que en otros rubros comienza a visualizarse una disminución importante en la demanda de empleos. Por esa razón, no se puede descalificar a los economistas que sostienen que estamos en la víspera de la desaparición de buena parte de los empleos que tuvieron nuestros padres. No solo porque es evidente que es menor el requerimiento de empleos que implican un esfuerzo físico sino que aquellos que requieren cierta capacitación también están siendo reemplazados por la Inteligencia Artificial y la mecanización aplicada a los procesos de producción.
A este cuadro desalentador sobre la demanda de empleados hay que sumar el hecho cultural que se está consolidando en buena parte de los países desarrollados. Actualmente la gran mayoría de los jóvenes tienden a rechazar los empleos en relación de dependencia y la llamada cultura del trabajo que sostiene que es fundamental trabajar y esforzarse duramente para progresar. Los jóvenes del nuevo milenio, a diferencia de sus padres, aspiran principalmente a ser felices, tener mucho tiempo libre, trabajar en lo que les gusta y sentirse bien en lo que hacen. Rechazan los empleos porque no quieren tener jefes, excesivas obligaciones ni largos horarios laborales porque quieren ser libres y dueños de su destino.
Las nuevas generaciones, por otra parte, consideran que los trabajos en relación de dependencia han dejado de ser el medio seguro para ganar dinero, progresar y sobre todo satisfacer todas sus necesidades. Observan que el actual escenario económico le ofrece múltiples oferta de bienes y servicios a los que no pueden acceder porque carecen de ingresos suficientes. Mientras cada vez es mayor el abanico de ofertas que se presentan en el mercado a través de internet, redes sociales, televisión, vía pública, locales comerciales y shopping, los salarios son insuficientes para satisfacer tanta variedad de propuestas. Esto genera frustración, ansiedad y bronca dado que no pueden acceder a lo que aspiran y desean.
Los bajos salarios para satisfacer las crecientes necesidades sumado a las obligaciones que resultan de un empleo está impulsando a millones de jóvenes a emprender un negocio o emprendimiento comercial por cuenta propia. Están convencidos que tener un empleo no les garantiza la felicidad e ingresos que desean. Para muchos tener un empleo es una frustración porque le pone límites a su felicidad. Por eso quieren emprender una actividad económica por cuenta propia. Algunos lo hacen desarrollando un oficio, otros implementando un comercio virtual y otros siendo influencers en las redes. El resultado de esta actitud es el crecimiento exponencial del emprendedurismo a nivel mundial.
Cada vez es mayor el número de jóvenes que no aspiran a tener un empleo ni depender de un jefe. Quieren ser sus propios jefes por lo que emprenden por cuenta propia.
Los jóvenes se sienten encandilados y atraídos por la información brindada por los medios de comunicación que muestran como los emprendedores que se animaron a ser dueños de su destino lograron ser millonarios.
Sin embargo no todo es lo que parece ni todo lo que brilla es oro. Si bien emprender es una opción para generar un ingreso también es cierto que llevar adelante un emprendimiento no es una tarea que siempre se traduce en beneficios, dinero y felicidad. Por el contrario, llevar adelante un emprendimiento es un trabajo duro, estresante, complejo y la mayoría de las veces frustrante porque un mínimo porcentaje de los emprendedores logran concretar sus sueños.
Las estadísticas del mundo emprendedor muestran que son porcentualmente muchos más los fracasos económicos que los éxitos. Este panorama no pretende desalentar a las mujeres y hombres que quieren emprender. Solo busca evitar que se choquen con una pared por no estar prevenidos sobre las dificultades que habrán de enfrentar. Es necesario comprender que para llevar adelante un emprendimiento no basta tener una idea, el deseo de ganar dinero o ser voluntarioso. Por lo tanto, antes de renunciar a la búsqueda de un empleo o pretender ganar más dinero que el obtenido en el actual trabajo, es prioritario sopesar si se tiene la personalidad, los conocimientos, la capacidad, el talento, la energía, el capital, los recursos humanos y un proyecto viable que permita emprender con éxito.
No tengo dudas que emprender por cuenta propia es una puerta que permite no depender de otro, ser independiente y lograr mayores ingresos que muchos empleos. Sin embargo, no es una opción para cualquier persona. Para llevar adelante un emprendimiento es necesaria la confluencia de condiciones personales, materiales, emocionales y económicas que generalmente no se dan con facilidad.
El actual escenario económico pone de manifiesto que obtener un ingreso en el futuro no será algo sencillo sino que por el contrario presenta una gran complejidad. Por un lado los empleos rentables irán decreciendo por el avance de la tecnología, mientras que las empresas cada vez serán más estrictos en la selección de empleados en cuanto a su capacitación y formación profesional. Por otro lado emprender no es una tarea sencilla ni garantiza éxitos económicos.
El futuro, sin lugar a dudas, se presenta lleno de desafíos. Ante esa realidad cada uno deberá generar las herramientas que le permitan obtener ingresos para satisfacer las necesidades y tener una buena calidad de vida sabiendo que el mundo laboral y emprendedor se encuentra en constante transformación.
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