Imaginar que el emprendimiento puede generar deudas o que destruya el patrimonio atesorado es la razón por la que muchos emprendedores deciden no arriesgar en un proyecto económico.
La motivación por obtener ingresos económicos suele ser la principal razón –sin ser la única– para emprender una actividad comercial. Las expectativas de lograr ingresos superiores a los que se pueden obtener en un empleo es lo que motiva a muchas personas a iniciar una actividad económica para plasmar una idea que consideran que puede generar ganancias. Esa expectativa es determinante para que un emprendedor esté dispuesto a invertir dinero en un proyecto, enfrentar adversidades, trabajar duro y no bajar los brazos ante los problemas. Es cierto que el deseo de fama, la búsqueda de reconocimiento social, materializar un sueño o llevar adelante un proyecto personal también es un gran estímulo para emprender. Sin embargo, el deseo de construir un patrimonio económico que permita mejorar la calidad de vida y asegurar un futuro sin sobresaltos suele ser el factor determinante para animarse a emprender un proyecto económico.
La experiencia muestra que la mayoría de las personas buscan emprender para ganar dinero. Pero por otro lado también muestra que muchos desisten de emprender por miedo a perder dinero. La razón de esta aparente contradicción es sencilla. Toda acción emprendedora puede tener como resultado un éxito o un fracaso. El primer resultado motiva y entusiasma porque augura ingresos dinerarios que se traducen en un acrecentamiento del patrimonio. En cambio, el fracaso atemoriza porque además de no lograr el objetivo buscado es factible que se pierdan los ahorros invertidos y se acumule un tendal de deudas que no podrán ser pagadas con las consecuencias negativas que esto implica. Imaginar que el emprendimiento puede generar deudas difíciles de afrontar o que destruya el patrimonio atesorado es la razón por la que muchos emprendedores deciden no arriesgar en un proyecto económico.
El nivel de miedo a perder el patrimonio suele variar según las circunstancias. En el caso de los que inician por primera vez una actividad económica ese temor no suele ser muy grande ya que las inversiones a realizar son pequeñas, los sueños son enormes, la emoción es desbordante y no se tiene experiencia sobre los problemas financieros negativos que pueden presentarse. Distinto es el caso de los emprendedores que conocen las consecuencias destructivas que generan los fracasos. En este caso, el temor a invertir los ahorros en nuevos proyectos se incrementa de manera significativa. Sentir o presumir que se pueden volver a perder los ahorros, llenarse de deudas y padecer nuevamente carencias genera temores y erosiona el entusiasmo. Ese panorama lleno de peligros lleva a muchos emprendedores a ser conservadores al momento de tener que invertir todo o parte de sus ahorros patrimoniales.
Tener miedo a perder el patrimonio o los ahorros que tanto costó conseguir determina que muchos empresarios sean muy cautelosos a la hora de emprender nuevos proyectos.
Aquellos empresarios que fueron muy osados en sus inicios –porque tenían poco que perder y mucho por ganar– a medida que su patrimonio aumenta a lo largo de su gestión van asumiendo conductas menos osadas y más conservadoras. Saben que acumular un patrimonio sólido no es fácil y que a veces se va la vida tratando de lograrlo sin éxito. Han aprendido –a base de golpes y frustraciones– que la perseverancia, el esfuerzo y la suerte no siempre dan como resultado la ganancia deseada. Si bien emprender suele ser un gran estímulo para el alma no siempre genera beneficios ni los ingresos esperados. Por esa razón, es habitual que aquellos que lograron construir un patrimonio con sacrificio sean muy mesurados a la hora de arriesgar nuevamente su capital. Prefieren quedarse en una zona de confort antes que arriesgar en emprendimientos que lo pueden llevar a tener deudas, perder sus ahorros, quebrar o le impida enviar sus hijos a una escuela privada.
El temor a perder el patrimonio hace que un empresario piense varias veces antes de invertirlo en nuevo proyecto de riesgo. Por ese motivo, a la hora de emprender cada vez es más frecuente que los empresarios busquen fondos de inversión externos para financiar sus proyectos mientras guardan bajo siete llaves sus patrimonios personales. Sin embargo, para esos empresarios que pretenden que inversores externos financien sus proyectos tengo una noticia desalentadora. Esos inversores no abundan y no suelen aportar dinero en proyectos que no ofrezcan garantías de éxito o pago de intereses. La realidad muestra que sobre 100.000 emprendedores que tienen un proyecto bajo el brazo y buscan patrocinadores posiblemente solo exista un potencial inversionista dispuesto a examinar ese proyecto para evaluar si tiene posibilidades de alcanzar lo que promete.
Emprender es una actividad de riesgo por lo que nadie puede tener la certeza de que logrará los objetivos proyectados. Por eso, muchos emprendedores no ponen en juego sus patrimonios y los Fondos de Inversión no abundan ni son fáciles de convencer para que inviertan en un proyecto. Ante esta situación algunos empresarios, como se ha expresado, optan por no modificar su rutina productiva por lo que no arriesgan en nuevos proyectos. La otra mala noticia, es que al no llevar adelante innovaciones en la empresa se corre el riesgo de ser expulsado o ignorado por el mercado que constantemente busca nuevas propuestas de satisfacción.
No invertir en nuevos proyectos seguramente hará que, con el paso del tiempo, el empresario sea más pobre porque al no diversificar ni generar cambios en la producción sus ingresos se irán reduciendo por falta de interés del mercado.
Si un empresario quiere conservar su capital e incrementarlo no puede dejar de arriesgar, innovar y mantenerse activo en el mercado. Para mantenerse vigente y generar mayores ingresos debe estar constantemente arriesgando, innovando y emprendiendo proyectos que generen expectativas en el mercado y sean rentables. Para conservar los ahorros atesorados o hacerlos crecer es necesario que produzca bienes que la sociedad demanda, emprenda constantemente nuevos proyectos o invierta en la Bolsa. Para mantener la vigencia debe acompañar la movilidad del mercado y generar proyectos que le reporten mayores ingresos. Si tiene miedo a asumir nuevos riesgos que pongan en peligro su patrimonio y se aferra a una rutina sin innovaciones comprobará que sus ahorros irán mermando con el paso del tiempo.
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